Pasé distraida cuando le vi.

Estaba ahi, al natural, tranquilo, sencillo y me quedé como una idiota mirándole.

Sabía que no debía, sabía que no podía, sabía que debía aguantarme las ganas, pero era tan apetitoso.

Avancé unos pasos decidida hacia delante, pero entonces recorrí el camino andado y asomé los hocicos por la puerta, miré a izquierda a derecha para asegurarme de que no había nadie, una completa estupidez pues no había nadie más en casa. Nadie se enteraría de mi fechoría. Me relamí, sentía tantas ganas... no tengo muy claro si por lo prohibido o porque de veras me apetecía.

No sé cómo pasó, pero en un instante estaba junto a él. El corazón me latía con fuerza, sabía que sólo tenía que tomar la decisión y entonces se produjo el momento, primero mis labios, luego mi lengua. Era un momento único, era un instante lleno de placer, que duro muy poco. Fue algo sublime, breve como un suspiro.

En un par de bocados todo se había acabado, el trozo de pastel desapareció y en su lugar quedaron los inútiles remordimientos.

Bueno esto es una adaptación de un relato que en su momento pensé en enviar a un concurso de relatos cortos y que finalmente nunca envié. Espero que os mole