Hace mucho mucho tiempo existió una princesa muy princesa, hija de unos reyes muy reales. Inmaculada además de princesa era muy ordenada, tanto tanto que no dejaba que otros limpiasen su cuarto, porque no le gustaba como sus sirvientes le dejaban las cosas. Dejaban los plintos con polvo, no ordenaban la ropa por estaciones ni colores y por supuesto todo debía estar desinfectado. La existencia de Macu era maravillosa dentro de su locura llena de orden, se despertaba, desayunaba, hacía cosas de princesas, limpiaba, jugaba con sus gatitos, comía con sus padres, veía vídeos en youtube... Pero un día todo cambió, apareció una cucaracha gigante y empezó a atacar el reino con su mera presencia. Era del tamaño de dos Giraldas acostadas y todo el mundo huyó asqueado ante su color marrón, sus antenas y sus aspecto.

Inmaculada sabía que debía luchar pero también sabía que necesitaba ayuda, ese monstruo era la cosa más antihigiénica que había visto en su vida, así que se metió en internet en la web "Caballeros de Fortuna". Navegando navegando encontró el perfil de Bruno y lo primero que le llamó la atención fue que no estaba solo, salía en una foto con su perro escudero Trasto. Lo que más le gustaba (además del teckle adorable de pelo corto) es que hablaba en todo momento de derrotar al mal, defender al inocente y de construir una sociedad más justa.

Bruno era un caballero especial, quizás porque no provenía de un linaje de caballeros, sino que había sentido la llamada después de ser atacado por un grupo de malvados. Sintió tanta rabia y tanta impotencia que decidió que ayudaría siempre a los más débiles, en parte, para no sentirse él débil.

La primera vez que Inma y Bruno se vieron las cosas no fueron bien, él tropezó con Trasto y cayó sobre ella, cosa que hizo que Macu casi hiperventilara, todos esos pelos de perro, el barro, el olor a cosas que no eran jabón la marearon. Él se levantó primero y trató de ayudarla a levantarse pero tenía las manos sucias así que ella prefirió apañárselas sola. Ya los dos en pie se examinaron (y Trasto los miraba a los dos). El caballero pensó que ella era orgullosa y remilgada y Macu que él era sucio y torpe, pero se necesitaban. Ella le necesitaba para derrotar a la cucaracha, el resto de súbditos había huído y Bruno la necesitaba porque era su oportunidad para demostrarle al mundo que no había que nacer caballero para serlo.

Inma invitó a Bruno a sentarse y cuando él fue a hacerlo se golpeó el dedo pequeño con una de las patas de su silla provocando que ella emitiese un sonoro suspiro, qué mal iba la cosa. Trasto (que como todos los perros era muy empático) se acercó para intentar aliviar la tensión y churrepeteó la mano de Inma lo que provocó que la tensión aumentase y cuando Bruno le reprochó la cara de asco, ella se levantó, agarró un cenicero y lo reventó contra la pared. Se hizo el silencio y cuando iba camino de ser insostenible fue roto por Macu, que dio el primer paso y expuso el asqueroso problema que atenazaba al reino.

Por suerte para el reino de Lahoz Bruno era un desastre, algo cochinote y bastante desordenado así que tenía experiencia con cucarachas y aunque esta era muy grande sabía como hacer que desapareciera sin asesinarla. Tenían que construir un aparato de radiofrecuencia que haría que la cucaracha se sintiera muy muy incómoda y se fuera. Lo que estoy segura de que os parece algo sencillo no lo era porque a nuestros protagonistas les resultaba muy difícil trabajar juntos. A la princesa le daba asco llenarse de mierda, no por nada sino porque a ella le gustaban las cosas limpias y ordenadas. Otra cosa que le gustaban eran los planes y ¿sabéis qué? que construir un cacharro de radiofrecuencia no era limpio y aunque la idea de Bruno no era mala no era un plan. Iba improvisando sobre la marcha, iba todo tremendamente lento porque a veces llegaban a un punto y tenían que deshacer lo realizado porque se habían olvidado de una pieza.

Las discusiones se sucedían y las cosas cada vez iban a peor, ahí sufría todo el mundo, hasta Trasto y una noche después de una agria disputa Bruno dejó un gran charco de aceite en el suelo y eso provocó un accidente, Inmaculada se cayó y se hizo mucho mucho daño, tanto que perdió la consciencia y el teckle (que era un perro muy listo) corrió a avisar a su dueño. El susto que se llevó cuando la vio caída, herida, inconsciente y llena de grasa hizo que se le bajase la tensión y que un nudo se le pusiera en la garganta, por suerte ella comenzó a recobrar el conocimiento y no le quedó más remedio que aceptar su ayuda para levantarse. De nuevo había mucho silencio entre ambos, aunque los motivos eran diferentes, ella estaba dolorida y hasta el higo, él se sentía culpable y hasta el cipote. Ninguno de los dos podía evitar ser cómo era.

Esa noche mientras intentaba dormir, la princesa no pudo evitar sentir que nada merecía la pena. Su cuarto estaba hecho un desastre para sus estándares, los plintos tenían polvo, mucha de su bonita ropa se había estropeado para siempre... iba a llorar cuando de repente se dio cuenta de una cosa y es que a pesar de la caída la máquina estaba terminada y sólo hacía falta probarla. Quizás, si todo iba bien al día siguiente su vida volvería a ser como siempre, si es que era posible, porque sabía que todo había cambiado y la prueba es que Trasto dormía en su cama, a sus pies y a ella le había parecido bien. Por su parte Bruno tampoco podía dormir, pensaba en que él nunca se había planteado las consecuencias de sus actos, ni de ser como ser, que el ser desordenado hubiera ocasionado un accidente, o que la ausencia de un plan claro hubiera retrasado que los débiles volvieran a casa. Antes de cerrar los ojos se fijó en que su caja de herramientas estaba ordenada y no pudo evitar sonreír.

A la mañana siguiente una dolorida princesa y un pensativo caballero terminaron de trabajar codo a codo y colocaron el radiotransmisor en el edificio más alto del reino, juntos apretaron el gran botón rojo y observaron como la mega cucaracha hacía una mueca de disgusto y se iba con sus antenas a otra parte. Lo habían logrado, habían trabajado juntos, habían logrado su objetivo y se habían influido mutuamente. Bruno nunca sería el mismo, Macu tampoco, habían crecido y era el momento de decir adiós, Trasto le dio la patita y cuando Inmaculada se dio cuenta de que él no sabía como actuar se abrazó a él, con todos sus pelitos de perro.

Colorín colorado, este cuento se ha acabado.